La imagen original nos muestra la antigua Plaza de Topete, hoy Plaza Virgen del Socorro, cuando todavía era una humilde calle marinera asomada al Mediterráneo y protegida por una modesta muralla que caía hacia el mar. Pero pocos imaginan que este rincón,
200 años antes de esa antigua instantánea, fue testigo de uno de los episodios más dramáticos de la historia de Alicante.
En julio de
1691, en plena Guerra de los Nueve Años, una poderosa escuadra francesa enviada por Luis
XIV apareció frente a la bahía alicantina. El
21 de julio, más de medio centenar de embarcaciones, entre navíos, galeras y pontones de bombardeo, fondearon ante la ciudad exigiendo su rendición. La respuesta de Alicante fue un rotundo no.
Las crónicas históricas y archivos recogen que las milicias de Aspe respondieron a un llamamiento urgente de las autoridades civiles y militares de Alicante, marchando hacia la capital de la provincia para ayudar a repeler el devastador ataque de las tropas francesas junto a otras poblaciones de la provincia, incluso llegadas desde Almansa.
La tarde del
22 de julio comenzó el infierno. Miles de proyectiles cayeron sobre la ciudad durante varios días. Casas, conventos y edificios públicos quedaron arrasados. Las calles se llenaron de humo, escombros y heridos. Muchos vecinos huyeron, mientras otros permanecieron junto a la escasa guarnición para defender su ciudad. Los alicantinos respondieron al fuego desde las baterías costeras y desde las murallas que dominaban el mar. En la madrugada del día
23, los franceses intentaron desembarcar, pero fueron rechazados por los defensores en varias ocasiones.
La recreación que acompaña esta fotografía intenta devolvernos a aquellos momentos de angustia y heroísmo: soldados y vecinos luchando hombro con hombro, mujeres auxiliando a los heridos, los cañones respondiendo al bombardeo y la bandera de la Cruz de Borgoña ondeando como símbolo de resistencia frente a una de las armadas más poderosas de Europa.
Al fondo puede distinguirse la antigua ermita del Socorro, ya existente en aquella época y que, de forma casi milagrosa, sobrevivió al bombardeo, aunque no al feroz urbanismo descontrolado de los años
60 y
70. Gran parte de la ciudad quedaba devastada. Alicante sufriría enormes pérdidas humanas y materiales, pero no se rindió.
A veces contemplamos estas viejas fotografías como simples estampas del pasado. Sin embargo, detrás de cada piedra, de cada muro y de cada calle, se esconden historias de coraje que explican por qué Alicante es hoy la ciudad que conocemos.
Firmado: Juan Carlos Gómez Cerdán | 09/06/2026 | "Facebook"
AMPLIACION DEL RELATO HISTORICO
1. El Contexto: ¿Por qué Francia atacó Alicante?
Durante la Guerra de los Nueve Años (
1688–1697), la Francia de Luis
XIV (el "
Rey Sol") se enfrentaba a la Gran Alianza (
España, Inglaterra, el Sacro Imperio Romano Germánico, entre otros).
El frente mediterráneo era vital. La estrategia del almirante francés Jean d'Estrées no buscaba necesariamente conquistar y retener Alicante, sino aplicar una táctica de "guerra de terror" o castigo psicológico. Destruir una de las principales ciudades portuarias del Reino de Valencia tenía como objetivo asfixiar el comercio español, forzar a Carlos
II a desviar tropas de otros frentes (
como Cataluña o Flandes) y presionar para firmar una paz favorable a Francia.
2. La Maquinaria de Destrucción Francesa:
La flota que apareció frente a la costa alicantina era imponente. Se calcula que estaba compuesta por:
Alrededor de
12 a
16 galeotas de bombardeo (
embarcaciones reforzadas diseñadas específicamente para soportar el retroceso de grandes morteros).
Unos
30 navíos de línea y cerca de una docena de galeras para dar cobertura y protección.
Lo que desató el "
infierno" a partir del
22 de julio fueron las bombas de mortero de gran calibre y las llamadas "
carcassas" (
proyectiles incendiarios rellenos de alquitrán, resina y pólvora).
A diferencia de las balas de cañón tradicionales, que tenían una trayectoria tensa para derribar murallas, estos proyectiles se disparaban con una trayectoria parabólica muy alta, cayendo desde el cielo directamente sobre los tejados de las viviendas y provocando incendios incontrolables.
3. La Defensa Comarcal: El papel de Aspe y el "
Camp d'Alacant"
Como bien se relata, la defensa no fue solo de los habitantes de la ciudad. Alicante contaba con una guarnición militar fija muy reducida. Ante la magnitud de la flota, el Gobernador Militar de la plaza activó las milicias vecinales y solicitó ayuda a la gobernación.
Respuesta solidaria:
Pueblos del interior como Aspe, Novelda, Monforte, Elche o Jijona, e incluso fuerzas de caballería procedentes de Almansa, enviaron a sus hombres armados a marchas forzadas.
Logística defensiva:
Mientras algunos de estos refuerzos ayudaron a guarnecer las murallas y las baterías de la playa (
como los baluartes de San Carlos o de la Reina), otros se desplegaron por las playas circundantes (
como la Albufereta o el Babel) para vigilar e impedir los intentos de desembarco y de aprovisionamiento de agua por parte de los franceses.
4.
Magnitud del Desastre y Balance de Daños:
El bombardeo duró de forma intermitente casi una semana (
concluyendo hacia el 28 de julio). Se estima que se lanzaron entre
3,000 y
4,000 bombas.
Destrucción material:
Más del
70% u
80% de la ciudad quedó en ruinas. La fisonomía gótica y renacentista de Alicante desapareció casi por completo. El propio edificio del Ayuntamiento (
la Casa de la Asegurada) y las iglesias de Santa María y San Nicolás sufrieron daños severos.
La resistencia:
A pesar de que la ciudad era una pira de humo, la artillería alicantina apostada en el Castillo de Santa Bárbara y en las defensas bajas del puerto no dejó de responder. Al darse cuenta d'Estrées de que la ciudad no se rendiría y que un desembarco total sería demasiado costoso en bajas debido a la cantidad de milicias emboscadas en la costa, la flota francesa decidió levar anclas y retirarse hacia Barcelona.
5. Las Consecuencias: El nacimiento de la Alicante Moderna
A pesar de la victoria defensiva (
los franceses no tomaron la ciudad), el precio fue altísimo. Sin embargo, este desastre marcó un antes y un después.
Reconstrucción barroca:
La necesidad de levantar la ciudad desde sus cenizas dio paso a una arquitectura totalmente nueva. El actual y monumental Palacio Consistorial (
Ayuntamiento de Alicante), de estilo barroco, se construyó en los años posteriores precisamente para sustituir los restos del destruido por las bombas francesas.
Privilegios reales:
El rey Carlos
II, en agradecimiento al heroísmo y la fidelidad de los alicantinos y de las poblaciones vecinas que acudieron al rescate, otorgó exenciones de impuestos y privilegios comerciales para acelerar la reconstrucción de la plaza fuerte.
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