Alacant la Millor Terra del Mon

Historia de Cala Palmeretes

Hubo un tiempo en que la Cala de los Gitanos no se conocía por sus aguas tranquilas ni por sus palmeras jóvenes, sino por el sonido cadencioso de una noria de madera que giraba sin descanso. Era una de las máquinas hidráulicas más importantes de la franja litoral de El Campello Siglo XVI - XIX.
Su presencia convertía este rincón en un lugar imprescindible para agricultores, pastores y viajeros.
La noria estaba asentada sobre un pequeño pozo de agua dulce, una rareza en una costa dominada por el salitre. Su función era elevar el agua desde las profundidades mediante una cadena de cangilones, que subía lentamente gracias a la fuerza de los animales.

Eran caballos fuertes, acostumbrados al trabajo, quienes caminaban en círculo durante horas para mantener la rueda en movimiento. A veces se alternaban con mulos o burros, especialmente cuando el calor apretaba o cuando la jornada se alargaba más de lo previsto.

El agua extraída alimentaba una red de bancales agrícolas que se extendían en las laderas próximas de las que quedan ejemplares: higueras antiguas, almendros, vides resistentes y pequeñas huertas donde crecían cebollas, habas y hortalizas de temporada. La noria no solo regaba la tierra: permitía que las familias del entorno vivieran, que hubiese alimento para los animales y que la cala se convirtiera en un punto estratégico para abastecer a quienes transitaban el camino costero.
Por eso muchos viajeros que recorrían la ruta entre la Vila Joiosa y Alicante sabían que la Cala de los Gitanos era un lugar de parada obligatoria.

Allí podían:
• ofrecer agua fresca a sus caballos,
• descansar a la sombra de los bancales,
• pedir un poco de fruta o pan a los agricultores locales,
• e incluso ayudar a mover la noria si los dueños estaban ausentes.


Era un espacio de honor, un pacto antiguo de respeto y ayuda mutua: la tierra daba lo que podía, y los caminantes agradecían con trabajo, semillas, noticias del camino o protección ante tormentas repentinas.
Los animales desempeñaban un papel central en este equilibrio. Los caballos que impulsaban la noria eran tratados con cuidado, pues de ellos dependía que el agua siguiera fluyendo. Cuando anochecía, los agricultores los llevaban a los pastos cercanos y los viajeros les ofrecían avena o hierbas secas como muestra de agradecimiento.

Sin la fuerza de aquellos animales, la costa habría quedado seca, y la cala, silenciosa e improductiva.
Todavía hoy, aunque ya no exista la noria, los antiguos habitantes del lugar afirman que cuando el viento sopla desde los bancales, puede oírse un eco suave: el ritmo constante de un caballo caminando en círculo, manteniendo viva la rueda que dio vida a todo un paisaje.

Firmado:     Marta Lago |    Copyright © |    Fotos: Facebook

TEXTOS DE: Marta Lago. © | Historia de Cala Palmeretes | Copyright ©️

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