
En nuestra adolescencia, una canción de Lluís Llach, potente como pocas, creó cierta fascinación por la figura del «bandoler». Acudimos a nuestros mayores tras el rastro de esos personajes y el abuelo nos contaba las proezas de Pinet o de Mitjana, una especie de doctor Jekyll que vivió en la época de la Restauración; cuando los liberales estaban en el poder habría sido alcalde de Castell de Castells —municipio que llegó a triplicar su población actual- y cuando gobernaban los conservadores se echaba al monte.
Hasta ahora, no habíamos tenido ocasión de contrastar nuestra idea de Mitjana en la memoria de los castellanos. Resulta que fue un déspota y un pendenciero, un mal bicho, y no llegó a ser alcalde. Terrible desilusión.
La gente, por descontado, no habla en el bar de bandoleros, sino de la oliva; están en plena recolección. En un círculo ajeno a todo, unos turistas ven en la tele un mapa del tiempo desalentadoramente lluvioso, pero alguien les tranquiliza; eso es en el norte.
Cuando aparece la Comunidad Valenciana, sin símbolos aún, guardan un silencio expectante. No comprenden lo que dice la voz en off. Finalmente, el grafismo electrónico llena el mapa de solecitos y estallan en vítores como si su equipo hubiese marcado en el último minuto.
En la cooperativa, van llegando los capazos de manzanilla y una pizarra advierte a los impacientes; «No porteu olives verdes». Que luego el aceite sale amargo. No sólo aquí huele a almazara; el aroma a aceituna madura flota sobre los campos y envuelve a los olivos cargados de fruto. Su verde grisáceo y adusto contrasta apenas con el de la carrasca. El otoño, que da a las hojas caducas el color del fuego, no es aquí llamativo, pero tiene su punto de arrebato; de vez en cuando, un fresno a punto de deshojarse incendia el paisaje como una llamarada espectacular y una higuera obstinada en conservar sus pámpanos le da un vivaz toque amarillo limón.
En Petracos, en medio de este escenario, la hiedra sostiene los muros de una graciosa ermita. Pasamos por allí de camino al Pla de Petracos, por la carretera de Benigembla. Sus pinturas rupestres, accesibles por una senda fácil y comprensibles por unos acertados paneles, componen un espectáculo turbador y nos sumergen en los recovecos más ignotos de la civilización.
De vuelta en Castell de Castells, salimos en dirección a Tárbena. Enseguida, encontramos a la derecha los accesos a una zona de acampada y, siguiendo por la carretera unos pocos metros más, un camino que lleva a la Peña del Castellet. Al pie de la peña hay una cresta pedregosa que planea sobre el vecino Valle del Guadalest.
La panorámica no se extiende a lo lejos, sino hacia abajo. Hacia arriba, seguimos a pie el camino, empinadísimo. Al otro lado, una interminable escalera de márgenes sube por la ladera como las ondas de una pedrada en un estanque.
Valles y sierras producen una vertiginosa sensación de infinito. Sobre nuestras cabezas, los evocadores restos del castillo. Para levantar la fortaleza que le da nombre a la peña, los árabes apenas necesitaron redondear -cerrando un paso entre dos peñascos o completando un muro natural- la obra de la naturaleza que modeló estas rocas inexpugnables.
Castell de Castells nos brinda otro monumento natural. Por la carretera de Tárbena, a 5 kilómetros del pueblo, un camino a la derecha nos lleva al área recreativa de la Font dels Teixos, junto Barranc de les Águiles. Son 8 kilómetros de buena pista forestal. Antes, a unos -2 kilómetros de Carretera, hay una senda a la derecha. Caminamos unos mil metros y llegamos a Els Arcs, impresionantes arcos de roca construidos por dos ingenieros incansables el tiempo y la erosión.
De regreso a casa, eludimos volver la vista hacia el pueblo Mitjana, no vaya a ser que su memoria nos convierta en estatua de salobre desencanto. Firmado: Lluís Ruiz Soler | 19/12/1999 | "Información de Alicante"
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Castell de Castells - Comarca de la Marina Alta.
A 80 Km. de Alicante y 45 de Dénia.
Habitantes: 500.
Altitud: 551 metros sobre el mar.
Mercado: sábado.
Información: tel. 965 518 067 (Ayuntamiento).
Cómo llegar:
Desde Benidorm, por Callosa d'en Sarria y Tárbena.
Desde Denia, por Ondara, Orba, Muro, Benigembla.
Desde Alcoy, Benilloba, Gorga, Cuatretondeta, Fageca y Famorca.
Dónde comer:
Serrella (Av. Alcoy, 2, tel. 965 51 38).
Bigot V (Av. Alcoy, s/n, tel. 965 518 21).
Venecia (Av. Dénia, 7, tel. 965 518 081).
Qué comprar:
Aceite de oliva virgen, en Cooperativa San Isidro (Av. Alcoy, 3, 965 518 293).
Cocas y pan en horno de leña, en Forn Marja (Mayor, 12, tel. 965 518 138).
A 80 Km. de Alicante y 45 de Dénia.
Habitantes: 500.
Altitud: 551 metros sobre el mar.
Mercado: sábado.
Información: tel. 965 518 067 (Ayuntamiento).
Cómo llegar:
Desde Benidorm, por Callosa d'en Sarria y Tárbena.
Desde Denia, por Ondara, Orba, Muro, Benigembla.
Desde Alcoy, Benilloba, Gorga, Cuatretondeta, Fageca y Famorca.
Dónde comer:
Serrella (Av. Alcoy, 2, tel. 965 51 38).
Bigot V (Av. Alcoy, s/n, tel. 965 518 21).
Venecia (Av. Dénia, 7, tel. 965 518 081).
Qué comprar:
Aceite de oliva virgen, en Cooperativa San Isidro (Av. Alcoy, 3, 965 518 293).
Cocas y pan en horno de leña, en Forn Marja (Mayor, 12, tel. 965 518 138).


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