

Castillos y baluartes medievales de origen musulmán, en su gran mayoría se encuentran dispersos por la provincia de Alicante sirviendo sus contornos de bello aderezo a las siluetas de muchos pueblos de la zona, al tiempo que conforman una mágica y sobrecogedora ruta digna de ser visitada, no lo es menos el amplio grupo de ermitas repartidas por las tierras de L'Alacantí.
Las ermitas —refugio religioso de los fieles- parece ser que tuvieron su mejor momento en el siglo XVIII, época en que han sido fechadas una gran cantidad de las que hoy día siguen en pie, siendo, algunas de ellas, de propiedad privada.
No, Obstante, la mayoría tiene carácter público y fueron utilizadas en el pasado con asiduidad por los vecinos de cada una de las partidas o núcleos rurales en los que se ubicaban. Al menos dieciséis se sustentan aún sobre sus muros en esta zona. Algunas, restauradas, están abiertas al culto.
No todas las ermitas que existieron hace tiempo en la comarca de L'Alacantí permanecen en pie; algunas han caído o han sido derribadas por diferentes motivos, Otras han corrido mejor suerte y se han visto favorecidas por obras de restauración; y unas pocas pertenecen hoy día a particulares.
Más allá del evidente sentido religioso que las ermitas poseen, constituyen una de las piezas claves para estudiar y determinar cómo discurría la vida de las gentes de campo de antaño, así como qué preferencias arquitectónicas tenían a la hora de realizar este tipo de edificios.
Es curioso observar cómo la zona que abarca los términos municipales que pertenecían hace dos siglos a Jijona, San Juan, Mutxamel y San Vicente del Raspeig era especialmente proclive a enclavar este tipo de construcciones, debido -sin duda alguna- a la enorme dificultad que para los habitantes de las diferentes partidas rurales (muy numerosas) suponía el desplazamiento al pueblo para asistir a misa. Por esta razón fueron surgiendo ermitas que cubrían las necesidades espirituales de los vecinos cercanos.
Esto sucedió en el término municipal de San Vicente, con sus partidas pertenecientes al Ráspeig (que hoy son pertenencia de Alicante), donde se aprecia la existencia de seis ermitas.
En terrenos enclavados dentro del municipio de San Vicente, la ermita de la Virgen del Carmen, situada en el Pla de la Olivera (en la partida denominada de Boqueres), ha sido fechada por expertos a finales del siglo XVIII. Este edificio se sigue abriendo a los fieles para celebrar la misa del domingo y en las fiestas de la urbanización del Pozo de San Antonio.
En tal fecha, los vecinos asisten a una misa y posterior procesión. Las partidas del Raspeig de Verdegás, el-Moralet, la Cañada del Fenollar y La Alcoraya cuentan, asimismo, con una ermita cada una que tiene una antigüedad aproximada de dos siglos.
El visitante puede continuar su ruta adentrándose en las alfareras tierras de Agost, donde encontrará la ermita de Santa Justa y Rufina, que fue muy apreciada en los años en que la alfarería era próspera.
Estas dos santas -que eran hermanas y vivieron hacia el año 287- son las patronas de los alfareros y a ellas dedicaron en 1821 el edificio situado en pleno casco antiguo del pueblo entre dos viviendas. A principios de este siglo los talleres de los artesanos del barro, que se ubicaban entorno a la ermita, fueron desplazándose y fijando su residencia a las afueras de Agost.
El edificio dedicado a las santas Justa y Rufina que es pequeño, de planta rectangular y muros de mampostería es utilizado en estos momentos para celebrar la festividad del 19 de julio. Su estado actual es bueno gracias a que ha pasado ya por varias restauraciones; la primera de ellas en el año 1912.
La segunda, una vez finalizada la Guerra Civil en que fueron quemadas las estatuas de las santas y demás exvotos religiosos que allí había.
Fue el vecino Juan Boix Ivorra quien hizo entonces los adornos del Altar Mayor. La última restauración que se realizó, abarcó el periodo entre octubre de 1994 y febrero de 1995.
Del siglo XIX es también la ermita de San Pedro en Agost, la cual poseía una casa para el ermitaño que la cuidaba, de carácter pública y con una amplitud de más de 200 metros, sufrió un proceso de restauración entre los años 1926 y 1928, de la mano de un constructor que trabajaba en esos momentos en la vía del tren que uniría Alicante con Alcoy.
Prueba de que esto sucedió así, es que entre viga y viga de la ermita hay un raíl de los utilizados para el ferrocarril, También Santa Ana tuvo su ermita en la calle de la Font del mismo pueblo, pero fue derruida para construir en su lugar el colegio público existente.
De camino hacia Jijona otra ermita, la que hay junto a la casa del pantano de Tibi, sorprende al visitante. Ya en el término de Jijona, dos ermitas a San Sebastián destacan por su historia y su estado actual. De 1600 es la dedicada a este santo que está ubicada en el barrio del Rabal, lindando a ambos lados con una casa de vecinos.
Esta ermita fue hace cuatro siglos la vivienda de un matrimonio, quien fue testigo del Milagro de San Sebastián, el 24 de julio. Ese día y ante la inminente propagación de la peste al pueblo un cuadro del santo que había en el inmueble comenzó a llorar, esto señalan los habitantes de la localidad fue lo que libró al pueblo de la epidemia.
En honor a San Sebastián, el Ayuntamiento rehízo el edificio y le dio forma de ermita para que los fieles pudieran acudir a orar.
Desde entonces, el lugar permanece abierto todo el año y se celebra una misa el domingo más próximo al 24 de julio. La segunda ermita dedicada a San Sebastián está localizada en el barrio de Sagrada Familia, junto a la carretera que llega desde Alicante y aunque su origen es difícil de averiguar, puede datar de finales del siglo XV -según se indica en algunos escritos-.
Por su tamaño, presenta el aspecto de una iglesia, donde, además de poseer capillas laterales, tiene una casa para el ermitaño situada en su parte posterior.
Su uso es frecuente -a diferencia de la gran mayoría que sólo se abre el día de la festividad del santo- ya que se celebra misa todo los fines de semana y se festeja el día de San Sebastián.
Justo encima de la anterior se vislumbra la de Santa Bárbara, a la que acuden los habitantes de Jijona en procesión el Viernes Santo, tras realizar el Vía Crucis. Firmado: Marina Limiñana | 14/04/1998 | L´alacantí



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