Tras la Guerra Civil, las autoridades franquistas de Burgos crearon en toda España 72 campos de concentración y batallones disciplinarios, de los cuales una docena se encontraban en la provincia de Alicante
Así, se crearon campos de concentración y prisiones improvisadas en los Almendros, Albatera, Plaza de Toros de Alicante, Castillo de Santa Bárbara, Palacio de Altamira de Elche, Convento de las Comendadoras y Seminario Diocesano de San Miguel de Orihuela, fábrica La Estambrera y Hospital El Sueco de Alcoy, cine Cervantes y colegios Eliseo Verdú y Padre Manjón de Elda; y la plaza de toros de Monóvar, entre otras poblaciones alicantinas. El Campo de los Almendros fue el destino provisional de los caídos en el puerto de Alicante, aunque no fue el único: A muchos otros los llevaron al castillo de Santa Bárbara, a la plaza de toros o al cine Ideal. Los prisioneros que han podido transmitir su historia, cuentan cómo levantaron las alambradas los mismos presos, mientras soldados marroquíes e italianos les cercaban. Ametralladoras y otros signos amenazantes, enmarcaban el campo.
El 24 de octubre de 1937 se inauguró el campo de Albatera. Aquel domingo se desplazaron a la localidad, el gobernador civil y el presidente de la Audiencia Provincial; el inspector de Prisiones, Simón García Martín del Val; el director del reformatorio de adultos de Alicante, señor Crespo; y varias personalidades más, quienes con las autoridades de Albatera y Crevillente, dieron la bienvenida al ministro de Justicia, Manuel Irujo, y al director general de Prisiones, Vicente Sol.
Posteriormente, los técnicos -especialmente con un ingeniero agrónomo- explicaron a los asistentes «lo que era en la actualidad y lo que había de ser en un futuro próximo aquel campo de trabajo: 40.000 hectáreas de saladares se convertirían en terrenos laborables. Magno proyecto que ya en el siglo XVII, inició el Cardenal Belluga».Días antes, la prensa anunció el acto. Por ejemplo, «El Luchador», el veintiuno de octubre, dice que «iniciada en el siglo XVII esta gran obra de colonización por el Cardenal de Belluga (Luis Antonio de Belluga y Moncada, 1662-1743), quedó paralizada, sin que en los actuales tiempos pudiera continuarse, en razón de su coste».
«Por decreto de 26 de diciembre de 1936, se crearon los campos de trabajo que significan una noble innovación en el régimen penitenciario español haciendo que el recluso se gane con su esfuerzo lo que cuesta sostener al Estado y se reivindique por el único sistema que puede tener un hombre para hacerlo, es decir, por medio del trabajo».
Y agregó: «Dentro de diez o quince días, habrá allí dos o tres mil hombres trabajando».
"Sobre aquellas tierras trabajadas por el arado y resecas bajo el sol, sin ninguna condición higiénica, agrupados como ganado, sin comer, el agua racionada, nos retuvieron días y días y fue tan infernal la experiencia que llegamos a perder toda noción del tiempo. Pero (...) sí recuerdo a los que morían a mi alrededor. Allí sin comida, la gente se comía todas las almendras, hasta las hojas de los almendros...sin servicio ninguno de higiene y sanidad y sin intendencia, pues a los árboles no les quedaba ya ni corteza...un hambre de espanto, que no teníamos nada, que nos comimos las hojas y todo lo que podíamos... el primer día, no quedaban almendras en los almendros; el tercer día no tenían ninguna hoja... allí estábamos tirados... "
La localización de este campo, según numerosos testimonios, nos remite a un lugar situado cerca de la carretera en dirección Valencia, en la Goteta, a las faldas del monte de San Julián. No obstante, lo que nos plantea más problemas es la posible extensión de este cerco, sobre lo cual carecemos de los suficientes datos. De lo que sí tenemos constancia es de las conocidas sacas de falangistas o ruedas, que se acercaban a los centros concentracionarios venidos desde distintos puntos de la geografía alicantina en busca de enemigos políticos a los que ajusticiar. Sin embargo, los datos más claros y abundantes en lo referente a estas prácticas los encontramos en el Campo de Albatera.
El campo de concentración quedó establecido el 11 de abril de 1939 según una nota del Estado Mayor de Franco. Las condiciones de vida en el campo eran durísimas; la única comida que recibían los presos eran chuscos de pan y sardinas. También era notable la sed que padecieron los presos por la falta de agua y el enorme calor que hacía en el lugar. En cuanto a las medidas represoras también fueron de enorme dureza. Se produjeron torturas, todo tipo de humillaciones y vejaciones, y fusilamientos. Se numeraba a los presos, de tal forma que si uno de ellos se fugaba, se fusilaba a los que tenían los números anterior y posterior.
Además de estos asesinatos, que se producían sin juicio previo, estaban las constantes “sacas” de presos. Grupos de falangistas y “vencedores” venían desde todos los puntos de España a buscar presos conocidos por ellos. Una vez localizados, se los llevaban en camiones y los fusilaban en los alrededores del campo.
La mayoría de las fugas se produjeron cuando se enviaban a algunos presos a sus pueblos con la orden de presentarse ante el juez o el alcalde, evidentemente muchos de ellos no volvían a aparecer por sus pueblos.
El campo de concentración se clausuró en el mes de octubre de 1939, poco tiempo después de comenzar la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de los presos pasaron entonces a centros penitenciarios, batallones de trabajo, trabajos forzados o fueron condenados a muerte después de un consejo de guerra sumarísimo.
Este campo de concentración que apenas funcionó durante seis meses ha sido calificado por los que allí estuvieron como la más terrible experiencia de toda su vida.











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