
Un día un moro fue a coger olivas, pero no terminó de llenar su canasto cuando, en un momento que se dio la vuelta apareció volcado.
El moro, como si nada, volvió a llenarlo pero nuevamente, en otro descuido, el canasto apareció vuelto y las aceitunas desparramadas.
Observó entonces que había un niño por allí y pensando que él era el culpable le arrojó una piedra, dando no al niño sino a una mujer, que resultó ser la Virgen de las Virtudes, y el niño, claro está, era su Hijo.
Redactado por: Estefanía Durá Sáez on enero 18th, 2012



No hay comentarios:
Publicar un comentario